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OTOÑO. LA ESTACIÓN DEL CAMBIO



El otoño es momento de transformación y cambios. Las temperaturas bajan, los días se hacen más cortos, las noches se alargan, los árboles pierden sus hojas, y la energía tiende a contraerse y a dirigirse hacia adentro. 

Nos movemos desde una energía más yan, masculina, orientada a la acción, hacia una energía más femenina, intuitiva y creativa orientada hacia nuestro mundo interior.

Es tiempo para desarrollar actividades como escribir, meditar o pasar tiempo con nosotros mismos, nutriendo nuestra esencia. Sin embargo, un exceso de soledad puede intensificar sentimientos propicios de esta época como la tristeza y la melancolía. Por eso debemos de intercalar momentos de soledad con tiempo con la familia o amigos cercanos en los que sintamos que podamos confiar. 

Como resultado de esta autoreflexión pueden surgir preguntas como ¿Está mi vida en equilibrio?, y si la respuesta es no, podemos sentir que es el momento de cambiar de dirección y foco. Es, de hecho, el momento ideal para restaurar el equilibrio y para traer harmonía a nuestras relaciones personales y proyectos. 

Con nuestras actividades y con nuestra forma de alimentarnos podemos ayudar a nuestro cuerpo a mantenerse activo y saludable durante este periodo, de manera que pueda disponer de la energía necesaria para realizar estos cambios. 

Según el Ayurveda, toda la naturaleza es un baile entre los elementos tierra, agua, fuego, aire y éter. Estos cinco elementos básicos forman parte de todo y de todos, y su equilibrio cambia constantemente. Esto significa que nuestros cuerpos, mentes y espíritu cambian también constantemente, y por tanto nuestros estados de ánimo, nuestra piel, nuestra digestión y nuestros niveles de energía. Gozar de buena salud implica aprender a reconocer cuando uno de estos elementos necesitan reequilibrarse y cómo hacerlo. 

Cada elemento se manifiesta en el cuerpo a través de diferentes órganos y es responsable de determinadas funciones. 

Durante el otoño, el aire es el elemento predominante, y se manifiesta en el cuerpo a través de la piel, el intestino grueso y los pulmones. 

Durante esta época del año podemos sentir que nuestros niveles de energía bajan, que predomina el cansancio o la depresión, que nuestra mente se vuelve más dispersa, nuestras articulaciones más rígidas, nuestra piel más seca, y nuestra digestión letárgica, pudiendo sentirnos pesados después de cada comida. Es habitual sentir dolores en el cuerpo, resfriados, problemas cutáneos y congestión en el pecho. 

Los pulmones proporcionan oxigeno a nuestro cuerpo y eliminan el dióxido de carbono. Revitalizan el organismo y activan el sistema sanguíneo y el sistema inmunitario. Emocionalmente están relacionados con la capacidad para poner límites en las relaciones con el exterior, con la liberación de la emociones y con nuestra capacidad de cumplir con nuestros compromisos y ser fieles a nuestros principios.

El intestino grueso elimina los desechos no utilizables por el organismo, y absorbe los minerales de los alimentos que ingerimos. Está relacionado con nuestra capacidad de dejar ir las emociones, los recuerdos, lo que no es constructivo y a deshacernos de lo que ya no necesitamos en nuestro cuerpo y en nuestra vida. 

Para ayudar a armonizar estos órganos, es recomendable aumentar la ingesta de líquidos, tanto en forma de agua, infusiones, sopas o estofados. 

A la hora de escoger alimentos privilegiaremos: 

·      Los alimentos de color blanco: almendras, arroz integral, peras, tofu (bien cocinado), cebolla y ajo,  nabos,  coliflor…

·      Los alimentos con un toque picante, pues favorecen la expectoración y tiene propiedades antifúngicas, antibacterianas y estimulan la digestión: rabanitos, nabos, jengibre, mostaza, berros, cebollino, pero todos ellos con moderación, pues un exceso de picante puede provocar deshidratación, diarrea, dolores de cabeza y agresividad.

·      Verduras de raíz: calabazas, zanahoria, boniatos, remolacha…

·      Verduras verdes de hojas duras: brócoli, acelga, repollo…

·      Las algas: kombu, wakame…

·      Cereales y legumbres: mijo, copos de avena, quínoa, amaranto, lentejas, alubias rojas y negras, tempeh…

·      Semillas: lino, girasol, calabaza, semillas de papaya molidas, chía, cáñamo, comino negro…

·      Frutos secos: almendras, avellanas y nueces. 

·      Especias: cardamomo, anís estrellado, comino, clavo, canela, cúrcuma, azafrán, jengibre.

·      Plantas medicinales: tomillo, escaramujo, milenrama, eucalipto, regaliz, llantén, gordolobo

·      Fermentados: ciruelas umeboshi, vinagre de arroz, chucrut, tamari, miso. 

·      Otros: las setas, la miel, que nos aporta calor y relajación, los aceites vegetales de primera presión en frío para lubricar las articulaciones sensibles durante esta época del año.


Evitaremos alimentos y bebidas frías, ensaladas en exceso, frutas tropicales a excepción de la papaya que es beneficiosa en caso de problemas articulares y digestivos, los lácteos, el exceso de harinas especialmente si son refinadas, y el exceso de picantes. 

Elegiremos modos de cocción largos que utilizan el mínimo de agua y el fuego suave como los salteados largos, que aportan hidratación, calma y preparan el cuerpo para los meses fríos. También la cocción a vapor. 

También es importante limpiar el cuerpo durante el otoño. Podemos realizar automasajes, prestando especial atención a las articulaciones y al abdomen, con aceite de sésamo o de oliva. Así mantendremos la piel hidratada, las articulaciones flexibles y el sistema digestivo activo.

Si practicas yoga trata de ralentizar tu práctica, manteniendo las posturas durante un poco más de tiempo o incluso acortando ligeramente la práctica si sientes que tu cuerpo necesita un descanso. Sobretodo busca entrar en contacto con la respiración. Date permiso para relajarte, para bajar el ritmo y para disfrutar y busca todo lo que puedas el contacto con la naturaleza. 


SOPA  RECONFORTANTE DE OTOÑO

Ingredientes (4 personas): 

·      1 cebolla

·      1 calabaza pequeña

·      1 nabo blanco

·      2 zanahorias

·      3 cm de jengibre

·      1 cc de comino

·      1 cc de cúrcuma

·      1cc de cardamomo

·      800ml de agua o caldo de verduras

·      1 cs de aceite de oliva

·      sal y pimienta

·      10 almendras picadas

·      3cs de semillas de calabaza

·      1 cs de tamari

·     un puñado de perejil o cilantro fresco

Preparación:

Cortar y picar las verduras. 

En una olla, saltear con una cucharada de aceite de oliva la cebolla. 

Agregar el jengibre picado y el resto de verduras y saltear ligeramente. Añadir las especias, la sal y la pimienta y mezclar bien. Añadir el caldo de verduras o el agua, tapar y cocinar a fuego medio bajo durante 20 minutos. 

Mientras se hace la sopa, tostar ligeramente en una sartén unas almendras picadas y unas semillas de calabaza. Retirar del fuego, añadir una cucharada de tamari. 

A mi me gusta triturar la mitad de la sopa y dejar algunos trozos de verdura enteros. Me permite comer más despacio y masticar con más consciencia lo que como. Pero también puede triturarse todo en forma de crema. 

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