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EMBARAZO EN CUARENTENA



Es inevitable. 

Cuando paramos, cuando cerramos la puerta al ruido, a las salidas, a las distracciones, cuando volvemos a casa, a nuestro interior, la reflexión aparece de forma natural. 

Para mi, este momento ha sido una oportunidad de reconectar más profundamente con mi embarazo. Y en este proceso de reconexión, mi naturaleza acuariana me ha llevado una vez más a considerar también el colectivo, y a preguntarme como todas esas mamis ahí fuera estáis viviendo vuestro proceso.

Siendo honestos, traer un hijo al mundo en tiempos de pandemia no es el escenario más romántico. 

La transición hacia la maternidad es uno de los mayores cambios que una mujer atraviesa en su vida, tanto física, mental como emocionalmente. En el caso del primer embarazo, todo se magnifica, e, inevitablemente, las dudas, los miedos y la confusión salen a la superficie. Si a eso le añadimos que de repente nos encierra en casa una sociedad que huele a enfermedad, muerte y miedo, que un sistema de salud saturado nos cancela las clases de preparación al parto, y nos restringe las visitas a la matrona a una por trimestre, mantenerse positiva y segura parece un verdadero reto.

Un reto que podemos aprender a convertir en positivo. Porque, cuando navegamos en lo más oscuro de nosotros mismos, cuando el miedo a la muerte nos lleva a los más profundo de nuestros sufrimientos, se nos activan mecanismos de supervivencia arcaicos, que, utilizados de forma positiva nos ayudan a hacernos más fuertes ante las adversidades. 

Quizás, este instante pueda ser también una oportunidad de conectar más con nuestro instinto como mujeres y la fortaleza intrínseca que cada una de nosotras poseemos. Y por tanto, con la capacidad de gestionar tales cambios, que son, en realidad, un proceso natural en cada una de nosotras. El cuerpo de la mujer sabe lo que hacer para guardar su bebé sano y salvo. El cuerpo de la mujer sabe parir instintivamente. 

A veces, las cosas no suceden como las deseamos. 

A veces nuestros embarazos, nuestros partos, no son como los habíamos planeado.

A veces la única respuesta ante esto es aceptar, confiar y aprender. 

Aceptar la humildad de que finalmente no tenemos control de casi nada. 

Confiar en que todo lo que nos sucede en la vida es para nuestro crecimiento personal y que cuando las cosas vienen es porque estamos preparados para afrontarlas. 

Aprender a mirar desde otro prisma, a preguntarnos ¿qué he obtenido con lo que no he obtenido?

Si algo he aprendido en los últimos años (y no quiere decir que por veces no se me olvide) es que el proceso de soltar y abrirse a la vida duele siempre mucho menos que el acto de cerrarnos, resistirnos y rechazar lo que la vida nos ofrece. 

No te estoy hablando de no sentir, de hacer como si nada, de mirar para otro lado ignorando lo que esta ocurriendo viviendo en una falsa felicidad. 

Acoge tus emociones, las que vengan, transitándolas y sintiéndolas. En verdad no hay ni buenas ni malas emociones. Aprende a acogerlas todas sin aferrarte a ellas. Las emociones van y vienen como las olas. 

Conecta con tu hijo como si ya hubiera nacido. Explícale lo que te sucede. Explícale que estas bien y que te estas ocupando de todo aquello que te esta desequilibrando. 

Las mujeres deberíamos saborear y celebrar el embarazo como el milagro que es. El embarazo no es una enfermedad, ni un periodo en el que no podamos hacer nada, pero sí un periodo en el que necesitamos tiempo para el silencio, para la reflexión, para descansar, y para sintonizar con nuestro cuerpo, respetando el grandísimo trabajo interno que esta haciendo crecer a nuestro bebé. 

Puede que la vida nos esté regalando este tiempo para cuidar de nosotras y para aprender más sobre nosotras mismas. Para desarrollar nuestra capacidad de tener quietud y tranquilidad. Las células de nuestro bebé no sólo se están formando, también se están informando. Y nuestro estado de serenidad ejerce un impacto sobre su desarrollo. Nuestras creencias sobre nosotros, y el mundo son ahora más importantes que nunca. 

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